Mi viaje a Sudáfrica

Decidí escribir este artículo como bitácora y memorias de mi viaje a Sudáfrica.

Un sábado como cualquier otro, revisando mis correos y comentarios en el blog, verificando actualizaciones en redes sociales y demás, me encontré con un mensaje en mi perfil de LinkedIn que me sorprendió. A menudo recibo mensajes en la bandeja de entrada de mi perfil de LinkedIn con ofertas de trabajo de todo tipo. Muchas son muy interesantes. Pero la mayoría de las veces debo rechazarlas amablemente ya que no estoy interesado en la propuesta por razones diversas (tipo de trabajo o lugar geográfico) y además me encuentro muy cómodo en mi situación actual.

Pero esta vez se trataba de algo diferente, una oferta muy pero muy interesante, proveniente de una de las empresas más importantes de Internet: Amazon.

Cape Town

El mensaje en mi bandeja de LinkedIn provenía de un Ingeniero de Soporte de Amazon, argentino, trabajando actualmente en Sudáfrica, más precisamente en Ciudad del Cabo. Sintéticamente el mensaje decía algo así: "Hola Emiliano, en Amazon AWS estamos buscando sysadmins con experiencia para Cape Town, si estás interesado en entrar en el proceso de selección por favor enviame un CV".

Sinceramente quedé pasmado. Que una empresa de tecnología del calibre de Amazon se fije en mi perfil ya era demasiado, y lo vi como algo imposible, casi delirante. Así que en tono de broma le comenté a mi mujer: "¿Cómo te ves viviendo en Ciudad del Cabo? Me pidieron que mande un CV para Amazon...". La respuesta de ella fue: "¡¿En serio!? ¡Mandá ya! ¿No sabés lo que es Ciudad del Cabo? ¡Es una ciudad hermosa!".

La verdad nunca antes había leído o visto fotos de la ciudad, sólo recordaba que había sido una de las sedes de la Copa del Mundo FIFA 2010. Pero nada más. Así que me puse a investigar un poco, para ver de qué se trataba. Como siempre lo primero que leí fue la entrada en Wikipedia de Ciudad del Cabo, e inmediatamente descubrí que se trataba de un lugar fantástico, magnífico.

Me decidí entonces a preparar un currículum en inglés (el idioma oficial en Sudáfrica es el inglés, claro está), lo cual fue una barrera a sobrepasar. Y en este punto necesito hacer un párrafo aparte.

Mi más grande deuda como estudiante fue nunca haber aprendido inglés (shame on me). Por supuesto todo el material de estudio durante la carrera de Ingeniería en Sistemas estuvo disponible casi exclusivamente en inglés, así que aprendí a leer por la fuerza. Pero mis habilidades orales y de escritura siempre fueron muy pobres (prácticamente nulas). Aunque sin darme cuenta con el tiempo aprendí inglés solo, gracias a mi gran afición por el cine y las series (las cuales siempre miré subtituladas porque no me agradan los doblajes). Recién en algunos de mis primeros viajes al exterior pude interactuar en varias oportunidades con extranjeros no hispanoparlantes y descubrí, para mi asombro y agrado, que podía hablar inglés y entablar largas conversaciones.

Volviendo al tema, preparé un currículum en inglés (sin mucho esmero realmente, porque no tenía esperanzas en absoluto) e ingresé en el proceso de selección, que me imaginé iba a ser muy extenso en caso de ser exitoso. Pero lo que realmente pensaba era que nunca más me iban a contactar.

Pasaron los días, me olvidé del asunto y seguí normalmente. Luego llegaron mis vacaciones. Fue al regreso de éstas cuando me encontré con el primer mail en mi casilla de correo electrónico (soy una persona que permanece totalmente offline durante las vacaciones, el teléfono siempre apagado, sino no las considero vacaciones). Se trataba, nada más y nada menos, de la cita para la primera entrevista telefónica. Fue un sacudón importante, la cosa dejaba de sonar a fantasía y se convertía de a poco en algo tangible, y las vacaciones quedaron atrás en un segundo. Costó coordinar una fecha debido a la diferencia horaria, pero finalmente concertamos día y hora, y luego de algunos inconvenientes con la línea en el primer intento, tuve finalmente la entrevista telefónica unas semanas más tarde de lo planeado.

Todo el tiempo desde la llegada de mis vacaciones hasta el día de la entrevista me sirvió para prepararme, no tanto a nivel técnico, sino en cuanto al inglés. Todo ese tiempo estuve mentalmente freezado, me sentí descolocado, sin poder sacarme el tema de la cabeza, lo cual me afectó en mi trabajo y emocionalmente. Pasé incontables horas informándome sobre Cape Town y Amazon.

Tal como me habían mencionado previamente por mail, la entrevista duró exactamente una hora (casi cronometrado) y fue puramente técnica, prácticamente un examen. Muchas de las preguntas cuadraban perfectamente con las de un examen final de Sistemas Operativos. Fue una experiencia enriquecedora, gratificante, y me quedó la impresión de haber hecho un buen papel y dejado una buena impresión. Sentí una gran satisfacción y una sensación de deber cumplido, la cual compartí con mi buen amigo y colega Pablo, quien también quedó más que satisfecho al saber que las preguntas que me hizo el experto de AWS durante la entrevista eran muy similares a las que él evalúa en sus exámenes de Sistemas Operativos. A ambos nos quedó esa agradable sensación de que en la Universidad estamos haciendo bien las cosas, si los conocimientos requeridos por un monstruo de Internet como Amazon son los mismos que tratamos de impartir y evaluar en nuestras cátedras.

Había investigado y sabía exactamente cómo seguía el proceso de selección, en caso de una entrevista telefónica exitosa eran altas las probabilidades de que el resto de las entrevistas sean on site, es decir, iba a tener que viajar a Sudáfrica. Pero pasaron los días, las semanas, y no tuve novedad alguna. Aunque, afortunadamente, durante ese tiempo la vida me mantuvo lo suficientemente ocupado como para no tener que pensar en el asunto en absoluto, hasta el punto de olvidarme completamente del mismo.

Se me ocurrió que no había estado a la altura de las circunstancias (sabiendo que en una de las respuestas no había sido lo suficientemente sólido). Llegado este punto habían pasado ya meses desde el primer contacto vía LinkedIn, hasta que una mañana inesperadamente recibí la siguiente llamada, parte del proceso de selección: me querían en Sudáfrica para entrevistarme personalmente con fecha definida para el viaje. Nuevamente quedé atónito, me pasaron muchas cosas por la cabeza al mismo tiempo, fueron demasiadas emociones juntas para manejar en una sola llamada: alegría, ansiedad, preocupación. No di vueltas y luego de balbucear cualquier cosa respondí que no había problema y estaba disponible para viajar en la fecha propuesta, sin pensar en ese momento siquiera en mis obligaciones o mi familia. Tenía que estar fuera de casa casi una semana, ya que cruzar el Atlántico hasta la región más austral de África implica un viaje muy largo. Lo más difícil fue justificar mi ausencia en el trabajo, me quedaban suficientes días de licencia para cubrir una semana fuera, pero tenía que contarle a mis colegas acerca de mis nuevas "vacaciones".

Los días hasta la fecha del viaje fueron súper relajados (increíblemente). En otra situación hubiese estado rozando los límites de ansiedad tolerables. Pero esta vez tenía esa sensación de que las chances de quedar seleccionado eran tan pero tan bajas, al punto de no generarme ningún tipo de expectativa, que no sentía presión ni ansiedad. Sólo podía pensar en la increíble chance de viajar a África (y conocer al menos una pequeña parte de ella).

Por supuesto Amazon cubría absolutamente todos los costos del viaje desde mi ciudad de origen hasta Cape Town, incluyendo un Hotel 4 estrellas muy cómodo, traslados, y hasta un seguro de viajero. Indudablemente las empresas de esta característica tienen presupuestos enormes para mover gente a lo ancho del globo sin medir gastos.

Cabe destacar que en todo momento me trataron realmente muy bien. Recuerdo cuando debía preparar el viaje y le transmití algunas preocupaciones a M, la persona a cargo de mi proceso de selección, quien me respondió: "no te preocupes por absolutamente nada".

Y así llegó el día del viaje. Muy pocas personas estaban al tanto del hecho, sólo mi mujer, algunos familiares, e inevitablemente mis compañeros de trabajo de mayor confianza, a quienes tuve que confesarles el motivo de mi repentino viaje. Por supuesto todos me desearon la mejor de las suertes y se entusiasmaron tanto o más que yo, quien llegado el día era un zombie, no me daba cuenta de lo que estaba haciendo.

Un martes a la mañana me despedí de Lucía (quien se quedó en Argentina para honrar sus obligaciones laborales, aunque hubiera deseado que me acompañe para compartir la experiencia con ella), me subí al taxi rumbo al aeropuerto de Bahía Blanca, y empezó la aventura. Me esperaba un viaje muy largo, primero Buenos Aires y luego São Paulo, para encarar el cruce del Atlántico rumbo a Johannesburg, capital de Sudáfrica.

El viaje fue un trámite gracias a mi acostumbramiento a los aeropuertos, aerolíneas, etc. Sólo tuve que correr un poco en Buenos Aires para alcanzar una conexión arriesgada (más bien, milagrosa) hacia a São Paulo, donde sí tuve que matar unas interminables 11 horas de escala. Ya en São Paulo y durante el vuelo a Sudáfrica pude ir desempolvando mi rústico inglés.

Punto aparte, recuerdo que Lucía me trató de convencer para que tome unas clases express de inglés para practicar mis capacidades orales. Pero no le hice caso, no iba a poder aprender en unas semanas lo que no había aprendido en años, y hablar bien inglés es cosa de mucha pero mucha práctica.

Johannesburg me recibió con algo de nubosidad, la cual no me permitió apreciar demasiado el paisaje, pero al ver tierra por primera vez me di cuenta que iba a ser un aterrizaje como en cualquier otra parte del mundo. Tal vez a causa de años viendo National Geographic en la TV, uno se imagina que al aproximar suelo africano verá desde el cielo a cebras galopando, leones a la sombra de los árboles y elefantes desplazándose en manada; pero no fue así, para desilusión mía. Sin embargo, aunque todos los aeropuertos son iguales, mi primera impresión fue la gente: su calidez y cordialidad. Fue lo primero que le comenté a mi mujer.

Luego de unas pocas horas de escala volé hacia mi destino final: Ciudad del Cabo. Ya era miércoles, y el vuelo de cabotaje era completamente diferente al resto. Estaba colmado de gente de negocios, muy ocupada, que no desperdició un minuto del vuelo para seguir trabajando hasta que las baterías de sus computadoras digan basta, y respondiendo mails y atendiendo llamadas mientras las azafatas se lo permitiesen.

Llegué a Cape Town y no pude apreciar el (según dicen) precioso aterrizaje con la vista de Table Mountain, una de las nuevas siete maravillas del mundo, a causa de que me tocó pasillo y de que todas las ventanillas estaban cerradas.

Table Mountain

En el aeropuerto me esperaba R, quien me depositó en el hotel en un bonito Mercedes color negro, y con quien pude dialogar (e interrogar acerca de la vida en Cape Town) durante el corto viaje. R, y el resto del equipo de choferes, en todo momento me entusiasmaron con frases como "te va a ir muy bien", "seguro te contratan", "vas a tener que pensar en mudarte aquí", etc. Todos ellos son extremadamente amables y cordiales, y están muy bien entrenados...

Cuando arribé al hotel era prácticamente de noche, en invierno el sol cae muy temprano, igual que en Argentina. Me dispuse a hacer el check-in y la recepcionista se encargó de aclararme que mi estadía, y cualquier cosa que necesitase, estaba totalmente cubierta por la empresa. Se me ocurrió preguntarle "¿Todo cubierto? ¿Como qué?", a lo que su respuesta fue: "Todo, cualquier cosa que usted necesite". Recordé las palabras de M, cuando me dijo "no te preocupes por absolutamente nada", era totalmente cierto.

La vista desde la ventana del hotel era maravillosa: una panorámica del centro de la ciudad, rodeada por la belleza de Table Mountain. Después de una refrescante y necesaria ducha pude hablar con Lucía para luego ir a cenar. Quería acostarme temprano pensado en que tal vez iba a ser difícil dormir. Por mail ya había recibido el scheduling para el siguiente día. Iba a ser un día completo de entrevistas, 7 en total.

View of Cape Town from Park Inn Hotel

Pude dormir muy bien y desayunar normalmente. Estaba a horas de enfrentar a la batería de expertos de Amazon, listos para "destriparme" y examinarme hasta el más mínimo detalle (técnicamente hablando, claro está), pero la ansiedad no llegaba... Estaba notablemente relajado. La certeza de la derrota me mantenía calmo por diferentes razones. Primero porque sentía que quedar seleccionado para cubrir semejante puesto, en la empresa de tecnología número uno a nivel mundial, era algo imposible para un simple Ingeniero argentino. Segundo porque el fracaso implicaba volver a casa, a mi zona de confort, en lugar de tener que evaluar seriamente la posibilidad de cambiar de casa, ciudad, país, continente y cultura.

Green Market Square

Esta vez pasó a buscarme un chofer diferente, no recuerdo su nombre, pero recuerdo que era "malabiano". Al igual que R era de carácter muy amable, y al salir del maratón de entrevistas me comentó "vas a ver que te van a seleccionar, no te trajeron hasta acá por gusto" (parte del proceso de "ablandamiento"... que me hizo sentir cómodo de cualquier forma).

V&A Waterfront Cape Wheel

Entrar al edificio fue un shock. Principalmente por el riguroso protocolo de seguridad: en todo momento debía estar acompañado por una persona (según rezaba mi gafete). Pero más allá del impacto inicial me sentí luego muy cómodo y contenido gracias a la increíble amabilidad de todos. Todos me traban como si estuviesen alegres por verme, lo cual es muy agradable.

Punto aparte para hablar del código de vestimenta. Se imaginarán que cruzar el Atlántico de ninguna forma puede ser algo bueno para un traje, camisa, corbata y pantalón de vestir. Si ese fuera el código de vestimenta, hubiese llegado con la ropa hecha un desastre. Sumando el hecho de que detesto la ropa acartonada, no me hubiese sentido cómodo. Pero Amazon, en lo que a código de vestimenta respecta, es el sueño de un Sysadmin.

Los Sysadmins tenemos la bien ganada fama de ser desprolijos. Probablemente a causa de que interactuamos con muy pocas personas, y rara vez alguna de esas personas es un usuario final. Es por eso que no nos preocupamos por la vestimenta, y solemos estar aislados en algún "sucucho" donde no nos vean el resto de los mortales. Cosa buena tanto para ellos como para nosotros (quienes preferimos la compañía de un vetusto pedazo de hardware, antes que una persona).

Durante los preparativos del viaje me encargué de investigar el código de vestimenta y seleccionar cuidadosamente qué ropa vestir. Además, M se encargó de resaltar este aspecto, elegir ropa informal, y bajo ninguna circunstancia vestir un traje. Sólo debía estar prolijo, presentable.

Pude comprobar que se toman en serio la informalidad cuando (luego de mi ingreso al edificio y mientras esperaba sentado en un sillón en el hall) vi un personaje ingresando a las oficinas, desde el exterior, caminando "en pata" con una taza de café en la mano y con los pies absolutamente roñosos.

Confieso que en ese momento fue cuando más nervioso estuve. Fueron sólo dos o tres minutos eternos en los que me carcomió la ansiedad. Sentía que me iba a desmayar. Por suerte rápidamente llegó mi recruiter y pasamos a una sala de conferencias. La primera pregunta fue "¿Cómo estás?" y la segunda fue "¿Cuánto querés ganar?". Increíble manera de romper el hielo. Totalmente opuesto a otros procesos de selección en los que he participado, donde de dinero es lo último que se habla y es casi un tabú. Sin embargo descubrí rápidamente que mi número resulto muy elevado...

Victoria & Alfred Waterfront

Luego de la breve charla con el recruiter llegó el turno de las entrevistas.

Primera entrevista: Windows. Arranqué con el pie izquierdo, debo reconocerlo, el punto menos fuerte de mi currículum. Más allá de que trabajé casi tres años en un entorno 100% Windows, nunca llegué a convertirme en experto. Tal vez inconscientemente detesto a Windows. Durante mi etapa de estudiante (cuando descubrí al pingüino), y más aún desde que comencé mi carrera profesional, mi pasión siempre fue GNU/Linux. Y honestamente nunca puse voluntad en aprender demasiado sobre las tecnologías de Microsoft. No tengo nada contra ellas, en entornos corporativos funcionan muy bien, hay que reconocerlo, pero simplemente no me agradan ni mucho menos me atraen. No me gusta la metodología de trabajo en entornos Windows, me parece desprolija y propensa a errores (para un maniático del orden, que casi sufre trastorno obsesivo compulsivo, no queda otra opción que trabajar en entornos UNIX, sólo allí encontrará la paz). Más allá de mi falta de conocimientos en profundidad sobre el tema, me pude defender más o menos bien.

V&A Waterfront

Luego llegó el turno de hablar de redes, con dos expertos del tema (vaya que lo son para desarrollar y administrar semejante infraestructura), donde me pude desenvolver muy bien y sacar brillo con mi buena experiencia en dicha área (una de mis favoritas). Eso me dio mucha confianza para el resto del día, sentía que lo peor había pasado y que estaba dejando una buena imagen.

Siguiente entrevista: GNU/Linux. Mi punto fuerte, no hace falta que diga que fue la mejor entrevista del día para mí. Dejé una gran impresión, honestamente. Sobre todo porque se trata de el área más relacionada con los sistemas operativos.

Victoria Rd

A continuación, tocó hablar de los leadership principles: los diez mandamientos de Amazon, tallados en piedra por Jeff Bezos en el monte Sinaí. Había leído mucho al respecto durante mi preparación y descubrí que la mayoría de estos lineamientos concuerdan con mi forma de trabajar en el día a día, por ello creo que me fue muy bien en esta entrevista. Más allá del chascarrillo, descubrí que no se trata de algo escrito por ahí a modo de color, sino que se lo toman realmente en serio. Tuve que hablar de mis experiencias positivas y negativas durante mi carrera profesional, a nivel social, mis reacciones ante situaciones adversas, y mi capacidad para asimilar la derrota. Algunas de las experiencias que describí fueron algo forzadas, pues es imposible encontrarse (en una carrera de apenas algo más de 5 años) con todos los tipos posibles de situaciones incómodas o adversas, más aún cuando uno ha tenido la suerte de estar en entornos de trabajo muy amigables. Sin embargo pude recurrir a mis batallas (ganadas y perdidas) contra los desarrolladores y proveedores de software.

Camps Bay

Siguieron las entrevistas, incluso hasta durante el "almuerzo", el cual fue otra entrevista en sí mismo. Era el turno de hablar de trabajo en equipo. Tenía el estomago muy crispado como para almorzar. Fue una situación un tanto incómoda y ordené un plato simple casi por compromiso. Comí muy poco y dejé el resto, lo cual no me agradó. Pero más allá de eso hice un muy buen trabajo. Logré convencer a mi entrevistador de que soy un team player, sacando a relucir mis experiencias como parte de diferentes equipos de trabajo en ámbitos heterogéneos en simultáneo. Fue la entrevista donde mejor me supe vender y uno de los puntos más altos del día junto con la entrevista de GNU/Linux.

La última entrevista fue con uno de los líderes técnicos, quien hubiese sido mi jefe en caso de aceptar la propuesta. Un norteamericano trotamundos, muy abierto y cordial. Con él me tocó cubrir algunos temas de alto nivel, repasar mi experiencia profesional, y hablar un poco más de leadership principles y trabajo en equipo.

Hout Bay

Cuando terminó la última entrevista eran ya pasadas las cuatro de la tarde. Sólo me restaba hablar con M y realizar unos trámites de rutina relacionados con el proceso de selección. Sentí una alegría enorme al dejar el edificio y volver al hotel. Tenía la certeza de haber hecho un buen trabajo y dejado una gran impresión. Algo impensado para mi antes de viajar y enfrentarme a mis limitaciones, miedos e incertezas.

Llegué al hotel demolido física y mentalmente, y dediqué el resto de la tarde/noche a comunicarme con la familia a la distancia.

Helliger Ln

El premio grande fueron casi dos días completos para recorrer Cape Town, cortesía de Amazon. Un regalo enorme para un turista y fotógrafo aficionado. Había planificado algo antes de viajar pero terminé de organizar mi tiempo libre en el hotel. El viernes decidí tomar a primera hora el bus hop-on hop-off, ya que es el medio de transporte más económico y conveniente para recorrer grandes distancias y cubrir los puntos turísticos más destacados a lo largo de todo un día. Gracias a ello pude conocer Table Mountain; subir y bajar el teleférico (luego de haber recorrido el techo de Cape Town); hacer un rato de playa en Camps Bay; recorrer el V&A Waterfront; visitar el hermoso jardín botánico de Kirstenbosch; llegar hasta Hout Bay para conocer el pintoresco puerto; y volver a Camps Bay para ver el atardecer; todo en el mismo día. El clima me regaló un día hermoso que pude aprovechar al máximo. El sábado lo dediqué a conocer el centro de Cape Town y tomar dos recorridos guiados por el centro histórico y Bo-Kaap. Ambos recorridos a pie y gratuitos gracias a los chicos de Cape Town Free Walking Tours.

Bo-Kaap

Aproveché hasta el último minuto en Cape Town y lo disfruté mucho, pero era hora de volver a casa. Al llegar al aeropuerto de Cape Town me informaron que mi vuelo a São Paulo había sido cancelado hasta el día siguiente, por lo que tuve que hacer noche en Johannesburg. Me vino bien para dormir. El vuelo de regreso fue tranquilo y llegado a São Paulo me enviaron unas horas a otro hotel aunque era de día. Un gesto notable de la aerolínea (SAA).

Llegué a Bahía Blanca un lunes a la mañana y, después de reencontrarme con Lucía, me fui directamente al trabajo.

En el transcurso de la semana recibí el llamado de J, mi recruiter, con las buenas noticias. Me había ido efectivamente muy bien y J "había escuchado muy buenas cosas de mí de parte de los entrevistadores".

El fin de la historia es un tanto amargo. Luego de duras negociaciones, varias llamadas y largas conversaciones, decidí rechazar la última oferta de Amazon. Fue una cuestión meramente económica. Rechazar la propuesta de Amazon no fue fácil, incluso durante un tiempo habíamos tomado la decisión de aceptar la última oferta y partir a Sudáfrica. Pero finalmente apostamos por Argentina, nuestra querida patria.

Realmente sentí mucho no haber podido llegar a un acuerdo económico que me sirviera, que me permitiese tomar la decisión de aceptar. Sinceramente me hubiera gustado mucho ser parte de Amazon. Pero uno tiene que evaluar todos los aspectos de su vida, no sólo los profesionales (en definitiva la carrera profesional no lo es todo, al menos para mí). Tal vez en otra etapa de mi vida (de nuestras vidas), y si en Argentina no estuviésemos tan a gusto, hubiera aceptado la propuesta; sólo por el hecho de hacer la experiencia de vivir en África, hablar otro idioma y trabajar con las tecnologías más avanzadas del mundo.

Más allá de no haber concretado, me traje una experiencia inolvidable que me enriqueció como persona y como profesional. También me traje un puñado de fotos que compartiré en otro artículo.

Shoot from the hip

Agradezco a Amazon por esta oportunidad y por haberse interesado de tal forma en mi perfil profesional.

La posibilidad de viajar a África fue uno de los regalos más gratificantes que me dio mi título de Ingeniero y voy a estar eternamente agradecido a la Universidad y a mi familia, quienes me dieron la oportunidad de ser un profesional destacado en primer lugar.

Me hace feliz haber elegido bien mi carrera, no sólo porque amo lo que hago, sino por la gran oferta de trabajo existente a nivel mundial, a pesar de que económicamente no me voy a hacer rico, ni mucho menos.

Este texto lo escribí principalmente para mí, como un ejercicio catárquico, para no olvidar, para compartir con algún profesional que esté por afrontar una experiencia similar, para leer nuevamente algún día, o tal vez para expresar mis emociones al respecto. Sería increíble que hayan leído el texto completo hasta este párrafo. De ser así, gracias por la atención.

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